Han rehabilitado Harlem y de unos años ençà las guías de turismo le han dado el status de visitable. Las misas de gospel y las casas victorianas ya son atracciones para los turistas alemanes que, guía en mano, recurren las calles de este barrio neoyorquino y acaban saboreando, como nosotros mismos, la cocina del restaurante Sylvia's, en el Malcom X Boulevard. Tengo que decir que las world famous chuletas en la BBQ no fueron gran cosa: me gustaban más las del desaparecido y añorado Joe's Texas Food de la calle de Gràcia de Sabadell.
Paseando por las calles de Harlem se hacen notar los edificios recientemente rehabilitados y los letreros de pisos en venta o para alquilar. La zona sur de Harlem, que no visitamos, fronteriza con Central Park, se ha revalorizado fuerza, y nos dicen que las clases medias blancas se están instalando. Llama la atención la cantidad de iglesias de todo tipo y medida que pueblan Harlem, algunas tan pequeñas que quizás los feligreses ... ¡cabrían dentro de un taxi! Las calles y avenidas se han renombrado con nombres de conocidos líderes negros, como Martin Luther King. A pesar de la rehabilitación y la seguridad, el ambiente en el barrio es como tristot, con gente desajetreada por la calle y negocios cerrados. Bajar en metro, como hicimos, de la calle 125 Este (Harlem) a la céntrica Union Square es todavía un notable contraste. En todo caso, vale la pena visitar el barrio si tenéis ocasión.
El Mount Morris Park fue todo un descubrimiento (5ª foto), y de allí anduvimos hasta el East Harlem, el Harlem hispano, para visitar La Marqueta (spanglishisme para The Market, supongo), un mercado tradicional que encontramos sin mucho paradas ni clientes, un espacio prácticamente vacío. Si aquello fue alguna vez el centro vital del barrio, parece que ya no lo es, y los puertorriqueños quizás ya compra en el Walmart, suponiendo que haya tal cosa en Manhattan.
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